La
foto en la postal
La
foto de la postal casi está borrada,
ha
pasado demasiados días sola al sol.
La
playa del dibujo ha quedado olvidada
y
en la orilla se nos va apagando el farol.
Hay
una hueste de sombras a la espera,
nostálgicas
y apenadas por vernos caer.
Fantasmas
que nos alientan desde la frontera
con
gargantas exhaustas frente al atardecer.
Aquel
aroma casero de una tortilla,
la
arena con una solitaria sombrilla,
el
fresco olor a colada recién puesta,
o
la casa del pueblo al fondo de la cuesta.
Ese
amanecer; un café, dos besos, tres risas
y
una larga vida saboreada sin prisas.
Luchamos
cada día, ciegos por no olvidar,
mientras
el terco tiempo avanza sin perdonar.
La
imagen de la postal ya fue borrada,
¡ha
pasado tantas tardes expuesta al sol!
La
misma playa de antes quedó olvidada
y
en la orilla por fin se nos apagó el farol.
La
figura en el papel despacio se vela,
igual
que se borra esa preciosa acuarela.
Se
apagan las pinceladas del lienzo cansado,
joyas
brillantes entre el polvo del pasado.
Aun
así, no todo está muerto hoy en día,
ni
lo que nos duele tiene por qué ser verdad:
los
márgenes de la foto nacieron por piedad,
para
salvar del tiempo nuestra vieja alegría.
Vivos
y asustados en una triste madeja,
mientras
el falso presente avanza sin más.
Pronto
seremos turistas de una estampa añeja
cuando
la memoria rota quede muy atrás.
No
nos aguardará nuestro antiguo hogar,
porque
este hoy, agotado, tocará a su fin.
Solo
quedará esa bonita sombra del jardín,
y
será a un extraño a quien le toque recordar.

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