lunes, 11 de noviembre de 2013

Desidia




Desidia


En el despertar nebuloso de cada mañana encuentro fantasmas,
que me arropan a besos de amor.
Y en la vuelta de sábana que pego hacia un lado encuentro un frío de ausencia,
de dolor,
de miedo.
Ya no recuerdo el despertar con ilusión,
solo temor,
falta,
perdida de lo poco que me queda de antes.
Horror a abrir los ojos con el día,
y encontrar nuevas marchas,
nuevas fugas,
nuevas faltas y pérdidas.
Nuevos adioses a personas, familia y amigos de siempre.
Cansado sin descanso,
entre espectros de dolor y caminos poco definidos.
Encuentro en la soledad temblores de desapruebo, de falta de acierto.
Entre las mantas,
mientras cada día se busca el impulso que  nos haga saltar de por encima de las sábanas,
yo solo encuentro esqueletos,
jirones de piel,
restos de antiguas fuerzas.
Pero no encuentro las ganas,
ni la seguridad,
no encuentro la fuerza que antes encontraba.
Porque bajo la almohada,
y cuando mi musa se marcha,
ya no encuentro manos de piel caliente,
ya no.
Ahora solo quedan huesos fríos,
que me llenan de una ancestral y muerta motivación,
la motivación de la ausencia,
de alcanzar la grandeza para nadie.
Ya calló de rodillas el guerrero y,
con una armadura tan pesada,
no recuerda cómo ponerse en pie.
Ya calló con su cuerpo sobre el suelo,
y entre el acero frío,
y el suelo embarrado,
enterró sus manos entre lodo.
Ya pereció la guerra en sus ojos,
y,
tras el yelmo,
desapareció su ambición,
su ansia de batalla,
su llama,
y murió el guerrero.

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